sábado, 16 de junio de 2012

Ben Gabirol



Miguel Artola
La vida de Salomón Ben (Ibn) Gabirol, el Malagueño, transcurrió en una de las etapas más convulsas de la Historia de España y, particularmente, de Al-Andalus. Los años centrales del siglo XI contemplaron el derrumbe definitivo del Estado, relativamente centralizado, de los Omeyas y su sustitución por una miríada de pequeños reinos de taifas, enzarzados en continuos conflictos entre sí, mientras los reinos cristianos del norte comenzaban un decidido avance sobre la Meseta y el Valle del Ebro. Además. la inestabilidad interna en estos reinos era permanente y las luchas de facciones, de tribus y de los diversos grupos étnicos y religiosos entre sí producían efectos devastadores. No obstante la adversa situación sociopolítica, la vida cultural logró una brillante expresión en estas numerosas cortes y en los palacios de los hombres influyentes. En este ambiente convulso y en cambio permanente, se desarrolló la vida de uno de los filósofos y poetas más influyentes de la Edad Media española y, junto con Maimónides, un poco más tardío, el más destacado pensador hebreo.
Hay muchas zonas oscuras en cuanto al conocimiento de la vida de nuestro personaje, pero sí parece claro que su familia era procedente de Córdoba, de donde habrían huido tras el saqueo al que la sometieron las tropas beréberes en el año 1013, primer acto del caos que habría de sufrir Al-Andalus durante al menos medio siglo. Sus padres se refugiaron en Málaga, donde al poco tiempo nació, hacia 1020 ó 1021, Salomón. No sabemos exactamente cuánto tiempo permanecieron aquí, pero sí que el niño era de una gran inteligencia y vivacidad y dotado de una gran memoria, así como un gran interés por todos los conocimientos, particularmente por la literatura hebrea, cuya gramática comenzaba a definirse y estudiarse en aquellos años, llegando su interés al punto que prácticamente llegó a saberse de memoria el Antiguo Testamento y que dominaba también toda la tradición religiosa posterior. También le atraía mucho la lengua y cultura árabes.
Desde muy joven comenzó a componer poesías, quizás con quince o dieciséis años, de las que llegó a realizar un número inmenso, pues aunque se ha perdido la inmensa mayoría de estas, aún se conservan más de quinientas…
Trasladado desde joven a Zaragoza, cabeza de uno de los reinos taifas más poderosos y ricos, la vida del joven Ben Gabirol comenzó a ser un calvario. La temprana muerte de su padre le obligó a tener que ganarse la vida por sí mismo desde muy pronto, para lo que recurrió a su mejor recurso: la poesía. Son famosas las elegías funerarias al Gaón Hayya el Pumbedita, fallecido en 1038, uno de los más respetados doctores de la ley hebreos. Pero la tarea de encontrar un mecenas, y mantenerlo, no era fácil, máxime si había muchos poetas y pocos protectores de las artes. No obstante, durante dos breves pero felices años, estuvo al servicio de Yuqutiel ben Isaac, hombre muy influyente, hasta que, víctima de una de las continuas conspiraciones de la época, fue detenido y ejecutado. Poco después, compuso poemas para otro judío, un caso poco frecuente, pues se trataba de un caudillo militar, Samuel ha Neguid. Aunque tampoco ahora duró mucho la protección del guerrero al poeta, pues pronto surgieron rencillas entre ellos.
Al parecer el carácter de Salomón Ben Gabirol se iba haciendo cada vez más difícil. En parte, esto era achacable a una enfermedad, que no se ha podido precisar muy bien cuál era, que le afectaba la piel, cubriéndola de pústulas y llagas que supuraban con frecuencia. Al sufrimiento físico, que le obligaba a permanecer en cama muchas veces, había que añadir el moral, pues la enfermedad le aislaba de la vida social, al retenerle muchas veces en casa, y cuando podía salir, su aspecto resultaba repulsivo para muchos. Así, poco a poco, cada vez más aislado de sus contemporáneos, comenzó a buscar con ahínco la felicidad en la filosofía, volcándose en el desarrollo de un pensamiento propio a partir de la inspiración, tanto aristotélica como neoplatónica, en una interesante síntesis.
Esta línea de pensamiento, adentrándose en la elaboración propia de una doctrina que intentaba armonizar las dos grandes corrientes filosóficas junto con la tradición religiosa hebrea, no podía ser bien vista entre sus correligionarios, pues se alejaba demasiado de la ortodoxia. Así, en torno a 1045, comenzó un fuerte enfrentamiento entre Ben Gabirol y la comunidad judía de Zaragoza. La situación se fue haciendo cada vez más penosa para él hasta verse obligado a emigrar hacia Valencia hacia los años 1050 ó 1055, donde, pasado algún tiempo, murió, si bien hay grandes discrepancias sobre la fecha de este suceso. Para algunos autores falleció muy poco después de llegar a Valencia; otros, en cambio, retrasan la fecha hasta 1069 ó 1070.
Existe una hermosa tradición o leyenda sobre su muerte llena de simbolismo. El poeta y filósofo habría sido asesinado por un musulmán envidioso de su sabiduría. Pero la higuera bajo la que ocultó su cadáver comenzó a dar frutos extraordinarios y, finalmente, llamó la atención del rey, que interrogó al dueño del jardín, que, en último extremo, confesó su crimen. Esta leyenda, que con ligeras modificaciones podemos encontrar en tantos lugares y civilizaciones del mundo, es toda una parábola relativa a la vida del sabio y de sus enseñanzas. Generalmente incomprendidos, los grandes hombres y pensadores deben sufrir desprecio, persecución e incluso ser muertos, para después comenzar a manifestarse de forma brillante la validez de sus enseñanzas en forma de “frutos maravillosos” que a la postre evidencian su grandeza.
OBRAS PRINCIPALES
Quizá la más importante de todas sus obras filosóficas sea la conocida como “Fons Vitae”, la Fuente de la Vida. Escrita originalmente en árabe con el título de “Yanbu al Hayya”, esta obra tuvo una curiosa trayectoria, pues el original árabe se perdió, como tantísimos otros; sin embargo, ya había sido traducida al latín por los célebres traductores de Toledo Juan Hispalense y Dominico Gundisalvo, hacia 1150. Posteriormente, fue también traducida al hebreo con el título de “Meqor Hayyim” por Sem Tob ibn Falaquera, en el siglo XIII.
Es una obra de total madurez, donde se desarrolla plenamente el pensamiento filosófico de Ben Gabirol. La influencia aristotélica se manifiesta en la constante referencia a la materia y la forma, teoría hilemórfica esencial del estagirita, bien matizada y combinada con las doctrinas emanatistas de Plotino y Porfirio. Incluso la expresión “Fuente de la Vida” es netamente plotiniana. La obra está escrita en forma de diálogo entre maestro y discípulo, no hay más personajes.
El Libro de la corrección de los caracteres, compuesto en árabe (Kitab islah al-ajlak) hacia 1045 y traducido luego al hebreo, es un libro de moral práctica, de tipo educativo, en el que llama la atención las observaciones de tipo psicosomático, relacionando las cualidades morales, virtuosas o viciosas, y los cinco sentidos y los humores de la teoría médica de Galeno, Hipócrates y Aristóteles. Es un tratado muy notable sobre las pasiones humanas.
La Selección de perlas (Mujtar al-yawahir, en el original árabe) es una colección de 652 máximas o sentencias morales, recogidas de diferentes fuentes: bíblicas, griegas, latinas, hindúes o árabes. Ben Gabirol muestra aquí su amplia erudición y su espíritu abierto. Muchas de ellas comienzan con expresiones como “Dijo el sabio…”, o bien “Cierto individuo….”, e incluso “Hijo mío…”.
Finalmente, debe destacarse “Keter Malkut”, es decir, “La corona real”. Es un excelente poema de cuarenta cantos donde Ben Gabirol muestra su extraordinario dominio de la lengua hebrea, puesta al servicio de la glorificación de Dios y del desarrollo de su doctrina filosófica. Misticismo, filosofía, oración, lirismo… todo se aúna en estos poemas que, ciertamente, son la “corona” de su obra. El poema se divide en tres partes. La primera, con carácter de himno, exalta los atributos divinos, el último de los cuales es la voluntad divina, que emana de la sabiduría divina, y que es el instrumento activo del proceso de la creación. La última y única causa de todo es Dios y la causa inmediata es su voluntad. En la segunda parte, Ben Gabirol describe las maravillas de la creación según las creencias de la época, ascendiendo de esfera en esfera hasta el Sol y la Luna, los planetas y, en último extremo, la Divinidad. En la tercera parte, el proceso es inverso, descendiendo desde las alturas divinas a las pequeñeces humanas. Probablemente, es una de sus últimas obras, en la que se resume y completa la evolución de su pensamiento filosófico.
Veamos algunos ejemplos de estas tres partes con los cantos 2, 29 y 36 respectivamente.
“Tú eres Uno, el principio de todo cómputo
y la base de todo edificio.
Tú eres Uno y, en el misterio de tu unidad,
la razón de los sabios se confunde,
pues no conocen nada de ello.
Tú eres Uno, y no mengua ni crece tu unidad;
en Ti no hay deficiencia ni exceso.
Tú eres Uno. Mas no como el uno de una cosa
que se adquiere o se cuenta,
pues no se concibe en Ti ni multiplicación
ni modificación.
Tú eres Uno, sin definición y sin perífrasis.
Tú eres Uno. Mas, al intentar establecer en Ti
un límite o una determinación,
el entendimiento se desanima.
Así que diré: me observaré
a fin de no cometer un error de lenguaje.
Tú eres Uno. Tu sublimidad y Tu trascendencia
no pueden aminorarse ni rebajarse.
¿Acaso puede el Uno decaer?
(Canto 29).
¿Quién podría prevalecer sobre tu esencia
habiendo creado de tu luz magnífica
una pura radiación?
De la roca fue tallada la forma,
y de la excavación del pozo fue extraída,
haciendo manar de ella un espíritu de sabiduría,
y la llamaste alma.
La tallaste en las llamas del fuego
de la inteligencia
y en esa alma hay un fuego devorador.
La enviaste en un cuerpo
a fin de sujetarla y de cuidarla.
En él está como un fuego, y no se quema.
Del fuego del alma ha sido creado el cuerpo,
y él fue sacado del no-ser al ser,
porque el Eterno la hizo bajar sobre él en el fuego.
(Canto 36).
Demasiado indigno soy de tus mercedes
y de toda la fidelidad que has dispensado
a tu siervo.
De seguro, Eterno, mi Dios debo darte gracias,
pues me has dado un alma santa,
mas por mis actos se ha vuelto impura,
y por mi mala inclinación la he maculado,
la he ensuciado.
¡Pero así es! Me ha vencido,
ha deshecho mis fuerzas, y nada me queda,
si no es en el ámbito de tu compasión.
No obstante, sé que con tus misericordias
podremos atacar con fuerza
y serán para mí un alcázar de auxilios.
Será posible vencer, y la expulsaré (la mala inclinación).
Sin duda, su obra puede ser analizada y descrita más a fondo, y tal vez podamos ampliar este estudio en artículos posteriores, pero queden aquí estas líneas como recuerdo y homenaje a un verdadero filósofo, un auténtico amante de la sabiduría, que surgió de nuestra tierra hace casi mil años: Salomón Ben Yehuda Ben Gabirol, el Malagueño.

miércoles, 6 de junio de 2012

Cómo se plasman los sueños


Jorge Ángel Livraga
Para aquellos que me leen por primera vez, os digo que mis artículos son reflexiones, son contactos, son algunos pensamientos. Quiero que sepáis también que usamos esta forma de dirigirnos porque creemos que toda persona es ingénitamente filosófica, o sea, «todos somos filósofos»; que no hay una universidad que pueda hacer filósofos; podrá reconocer mediante un título una serie de conocimientos técnicos, pero no hay universidades que hagan filósofos, como no las hay que hagan poetas o músicos. El hombre lleva dentro de sí esa inquietud. El hombre es «filo-sofos», o sea, «el enamorado de la sabiduría», el enamorado de la profundidad de las cosas.
Ese filo-sofos está en todos nosotros. Simplemente es cuestión, como diría Sócrates, de reencontrarse. Encontrarnos a nosotros mismos para reencontrarnos, para vernos en ese espejo encantado nuestro nuevo rostro, el rostro interior que podemos tener, el rostro profundo.
Y de ese rostro profundo podemos partir, para el tema de la conferencia de hoy de «Cómo se plasman los sueños». Yo no voy a hablar de los sueños en el sentido físico, o sea, de estar dormido o de estar despierto, sino que mi charla simplemente va a girar alrededor de cómo se plasman los sueños, pero sueños como ilusiones, como arquetipos; es decir, como todo aquello que está detrás de las cosas físicas.
Yo no desconozco que existe una ley de la gravedad que hace correr el agua de la montaña al mar, pero esa ley de la gravedad es un ente mecánico, detrás del cual tiene que haber un ser, y ese ser, como diría Calderón de la Barca, es el sueño que sueña el río.
El río es río y corre porque sueña que corre; los pájaros, de alguna manera, sueñan que son pájaros, y de alguna manera, nosotros hemos soñado lo que nosotros somos. De alguna manera, todos nosotros tenemos dentro una serie de sueños, unos artísticos, los otros familiares, económicos, sociales, políticos.
Todo el mundo tiene sueños. A veces creemos que porque una persona sea pobre o porque vaya vestida de una manera u otra, esa persona no tiene posibilidad de soñar. Todos nosotros, de una manera u otra, tenemos la posibilidad de soñar.
Todos nosotros, de una manera u otra, estamos en contacto con ese ente interior donde viven los arquetipos, donde están los sueños.
Todos nosotros sentimos a veces en nuestra humildad, en nuestro recogimiento, sentimos pasar las grandes centellas de los sueños. Hay voces misteriosas que nos gritan desde los poemas, esos que tal vez nunca escribimos porque somos tímidos para hacerlo.
Hay músicas extrañas, pero que no podemos plasmar porque no sabemos manejar un instrumento o porque no conocemos música. Hay mil ideas de cómo hacer esto y aquello, pero no podemos hacerlo porque no tenemos la fuerza económica necesaria.
Existe dentro de nosotros un mundo arquetípico, existe dentro de nosotros una llamada ancestral hacia la perfección, hacia el bien, hacia la concordia, hacia el amor. Una llamada fuerte, poderosa, constante, que no nos abandona nunca. Es una llamada que no envejece jamás, es una llamada que no peina canas; no importa la edad que tengamos, esta llamada sigue dentro de nosotros, sigue, sigue, sigue…
¿Y cómo se plasman los sueños? Vamos a ver un pequeño esquema; hemos hablado varias veces de que en la Naturaleza podemos dividir siete planos, así como hay siete días en la semana, siete notas musicales básicas, siete colores fundamentales, etc. Existe un septenario que rige el mundo manifiesto que conocemos.
También la plasmación de los sueños está regida por el número 7. Existe una dimensión, que la podemos llamar de la voluntad; en esta dimensión, las cosas son químicamente puras; los que habéis leído a Schopenhauer recordaréis lo que él decía sobre la voluntad, o sea, sobre unos impulsos puros, sobre esa suerte de números o cosas que existen más allá de todas las apariencias y que provocan una y otra vez fenómenos similares.
A este mundo no le alcanza la muerte, no le alcanza la decadencia, no le alcanza ninguna de las formas de desprestigio que hoy conocemos.
Debajo de él estaría el mundo de la intuición, en donde sujeto y objeto se ponen en contacto directo, en donde podemos, de alguna manera, conocer las cosas directamente sin necesidad de intermediarios. Por ejemplo, si vais a Grecia y visitáis el Partenón, diréis que el Partenón es bello, aunque no sepáis de arquitectura ni de arqueología.
Sin embargo, cualquiera de los aquí presentes me podría decir si un objeto es bello o si no lo es; tal vez no estemos todos de acuerdo, tal vez tengamos distintos cánones de ver la belleza, pero todos podemos decir si algo es bello cuando es bello. No hace falta que nos lo expliquen, si está hecho con este u otro material; hay algo dentro de nosotros, algo inexorable que nos hace decir que algo es bello o no.
Existe un tercer plano, el plano del intelecto. Según los filósofos griegos, es aquel que nos permite entender las cosas en su profundidad, captar las cosas a fondo, llegar a la médula de las mismas. Por debajo está el mundo de la razón y de los deseos; en este plano entramos en la eterna dualidad, pues nuestra mente es dual. Es el plano de la razón con deseo, la que trata de saber algo, la que tiene sed de conocer las cosas, de especular, de ganar y de perder.
Por debajo está el mundo psíquico, donde empiezan nuestros sueños, nuestras imaginaciones, nuestras fantasías, ese mundo psíquico que hace que cambie completamente nuestro ser ante los demás.
Hay personas que no son hermosas físicamente y, sin embargo, tienen un encanto especial que hace que nos sintamos atraídos hacia ellas, tienen un «algo» que despierta nuestro interés. En cambio, hay personas con un aspecto físico muy bueno, bien vestidas, de agradable apariencia pero que nos caen inexplicablemente mal, no nos son simpáticas. Y uno se pregunta frecuentemente por qué alguien bueno y honrado nos cae mal.
Estamos ante el mundo psíquico, que se relaciona de alguna manera con el mundo intuitivo; es el mundo de la psique, que corona un mundo inferior, es el mundo de la vitalidad. Todas las cosas tienen vitalidad. Todas las cosas tienen un hálito de vida y ese hálito las mantiene manifestadas. Así, por debajo del plano de la vitalidad, estaría el plano de la manifestación.
¿Cómo se manifiestan los sueños? Hay un mundo arquetípico. Por ejemplo, si yo os pregunto: ¿cuánto hacen 2 más 2? Hacen 4; perfecto, pero ¿cuánto qué? No hace falta aclarar. Existe, pues, un mundo superior, abstracto, que está más allá de los atributos de color, de forma, de tamaño, y en este mundo existen los arquetipos de los sueños que se van a ir plasmando hasta su manifestación.
Pero los sueños, según los filósofos clásicos, no son producto de los hombres, sino que serían previos a los hombres. Estos sueños, estos arquetipos, habrían existido desde el comienzo de todas las cosas. Todo existe en la Naturaleza más allá de lo que el hombre puede descubrir o no. Existe un esquema previo natural que está más allá de lo que nosotros podamos captar. Hoy decimos que hay siete notas musicales, hemos separado nuestra semana en siete días de acuerdo con los planetas, etc., pero ya estaba plasmado de alguna manera, ya estaba imbricado dentro de la concepción misma del cosmos. Estos sueños viven y existen cual fantasmagóricos amigos, extraños seres que nunca nos abandonan, viven en su mundo de arquetipo. Grandes trasgos, caballeros, damas, luces de colores, cosas extrañas, voces desconocidas, cuadros que nunca vimos, palabras que nunca habíamos escuchado, palabras que nunca aprendimos…
Existen, están en esa especie de caja de Pandora de donde nunca escapó la esperanza, los sueños que se van a ir plasmando poco a poco.
¿De qué manera se plasman? Se plasman realizándolos paso a paso. Veamos qué es lo primero que hacéis para construir una casa, por ejemplo. Primero la queréis, o sea, tenéis un acto de volición. Luego, pensáis que os gustaría que tuviera una ventana con cuatro barrotes y con dos macetas, y con un pino y un perro, etc. Eso lo sentís, lo intuís de alguna manera, es vuestro arquetipo. Ya está vuestro sueño descendiendo, está «encarnando». Pero ahora vais a empezar a «inteligir» ese sueño. ¿De qué manera concebís esa casa? ¿En forma de torre, cuadrada, alta, baja, grande? Así, empezáis a inteligir vuestra casa. Luego viene la otra parte: ¿qué vale el metro cuadrado, y el cemento, y el ladrillo, etc.,etc.? Ahí está el mundo de la razón, el mundo de los deseos.
Cuando lográis razonar aquello que más o menos os es posible hacer, entonces psíquicamente lo empezáis a desear, ha entrado al mundo psíquico, al cual le estáis prestando con la repetición, con la atención, una vitalidad que va aumentando. Eso es vida, habéis dado vida a vuestros sueños.
Tal vez existan sueños que no son tan fáciles de realizar, pero este sería un tema que nos llevaría mucho tiempo. A veces, hay intereses creados, hay elementos que limitan nuestros sueños. Los sueños de los demás, a veces, limitan nuestros propios sueños.
Hay cosas, elementos que no dejan plasmar los sueños como nosotros queremos que se plasmen. Pero para eso hay que ejercitar la voluntad, hace falta ejercitar el dominio sobre uno mismo, y hace falta también saber desear las cosas. No basta con que las pensemos, hace falta desearlas.
Os refiero mi experiencia personal: yo he pensado y he deseado Acrópolis; hoy está en treinta países. Cuando la soñé, cuando la plasmé hace veinticuatro años, estaba yo muy lejos de aquí y sin medios para poder hacerlo. Sé en mi propia carne y en mi propia vida lo que es pasarse las noches con un duplicador imprimiendo hoja tras hoja, y luego salir a la calle con un cubo e ir pegando los carteles de conferencias uno mismo pared por pared. Y luego, sentarse a esperar gente para dar la conferencia.
Hace falta tener voluntad, tener fe en nosotros mismos, y hace falta conectarse con ese mundo espiritual, con esa gran reserva espiritual que existe ahí arriba: la voluntad, la intuición, el intelecto.
Ahí, de alguna manera, viven nuestros sueños, viven nuestros arquetipos, los que realizaremos ahora o en algún otro momento. Allí vive lo que alumbraba al Quijote, que vivió loco y murió cuerdo, pero ¿quién sabe?, tal vez no murió cuerdo ni vivió loco, a lo mejor fue al revés… Porque no hay mayor locura que dar tanta importancia a las cosas de la carne, y tanta importancia a las cosas aparentemente razonables.
Tal vez no haya mayor cordura y mayor acercamiento a la verdad que saber enfrentar las cosas con profundidad y con fuerza. Saber cantar juntos, saber hablar juntos, saber estar juntos, poder soñar profunda y poderosamente. Hay que soñar, pero no a la manera de un «potai» japonés o chino, sentado con una gran panza y mirando para arriba.
No. Hay que soñar poderosamente, hay que soñar hasta que se salten las lágrimas de los ojos, hay que soñar tensando los músculos, hay que soñar cerrando los ojos.
Hay que ser toda una voluntad en marcha hacia ese sueño que nosotros queremos. Debemos tener una fuerza interior, que es lo que nos diferencia de las bestias. Eso es lo que nos diferencia, esa fuerza interior, esa fuerza de soñar, de crear.
Si hoy el mundo se viniese abajo, si hoy perdiéramos nuestro arte, nuestra ciencia, toda nuestra filosofía, toda nuestra literatura, todas nuestras ciudades, nuestros caminos, etc., aunque solo quedase una pareja sobre la tierra, volverían a repoblar el mundo, y volverían las bibliotecas, los poemas, los niños, los cuadros pintados. Volvería a haber Partenones y volvería a haber pirámides. Porque el hombre lleva dentro de sí los arquetipos de la totalidad de la Humanidad.
Cada uno de nosotros refleja en cierto modo a todos los hombres que existen sobre la tierra; cada uno de nosotros tiene dentro de sí todos los sueños de los hombres que vivieron sobre la tierra, y también de los hombres que van a venir.
Cada uno de nosotros tiene un potencial insospechado, mas hace falta tener tenacidad; no es fácil plasmar los sueños, es muy difícil. Tenemos que poder hacer el esfuerzo de plasmar los sueños año a año, mes a mes, día a día, hora a hora, minuto a minuto.
Y si no tenemos sueños, pues sigamos el sueño de otro, pero no nos quedemos sin sueños. Tampoco tenemos estrellas en las manos y, sin embargo, hemos aprendido a dirigir nuestras miradas hacia las estrellas que están en el cielo.
Tampoco tenemos manantiales de agua en nuestro pecho y, sin embargo, hemos aprendido a beber de los manantiales de las montañas.
Así también, si no tenemos un sueño propio, intentemos seguir alguno grande que nos verticalice, que nos haga ser humanos no solo por fuera, sino también por dentro. Pero si realmente somos hombres como lo quiere la filosofía y como lo quiere la naturaleza que está dentro de cada hombre, entonces nos erguimos en nuestros pies y en nuestra humildad ante Dios.
Podemos decir: yo soy un hombre, yo tengo sueños, no soy una máquina, estoy mucho mas allá. Puedo hacer, puedo mejorarme a mí mismo, puedo soñar algo que esté por encima de mí mismo. Soy un poco de creación, y de tal suerte, puedo soñar con un hombre nuevo; un hombre nuevo que no tenga nuestras limitaciones, un hombre nuevo que cuando nazca poeta pueda escribir sus versos, un hombre nuevo que cuando nazca músico pueda escribir sus músicas.
Un hombre nuevo que podrá vivir ecológicamente, no en contra de la Naturaleza sino a favor, siguiendo sus propias leyes naturales, estando depurado por fuera y por dentro.
Un hombre nuevo que no conozca el miedo, el odio, el rencor. Un hombre nuevo que nos recuerde con amor, en el sentido de que nosotros le hemos soñado cuando no existía…
En este momento oscuro de la Historia, en medio de todas las crisis, en medio de la caída de todos los valores, en medio de todas las vacilaciones y las dudas, nosotros nos hemos atrevido a soñar con él, con un hombre nuevo. Con el nuevo hombre que va a venir, alguien que va a nacer en nosotros, alguien que pueda escribir sin pornografía, alguien que viva en las ciudades sin ensuciarlas.
Un hombre nuevo que sea íntegro por dentro, un hombre que no lo puedan comprar con todo el oro del mundo, un hombre que sea realmente consciente de su inmortalidad, un hombre que sepa que ser hombre no es simplemente tener un esqueleto, huesos, etc., sino algo más profundo. El hombre es como un rayo, un relámpago en medio de la noche…
Ser hombre en este momento histórico, ser semilla de hombre nuevo es, precisamente, ser como una luz en la noche. Nuestro camino, como decía un pensador hace muchos años, está alumbrado por los relámpagos, y a través de esos relámpagos, vamos a poder llegar hasta ese hombre nuevo y mejor que todos soñamos. Vamos a poder hacer descender los sueños, nuestras manos llenas de semillas van a recibir las palomas blancas de la inspiración, y otra vez habrá Homeros que canten; otra vez, habrá hombres grandes que han esculpido y han pintando. Otra vez podremos estar orgullosos de ser hombres.
Esa es la plasmación de los sueños, de los pequeños sueños como el de la casa; y de los grandes sueños como el de plasmar un hombre nuevo. Es la mecánica filosófica que hace que los sueños puedan encarnarse, plasmarse.
Cada uno de nosotros somos un sueño. De alguna manera, vosotros me habéis soñado y yo os he soñado a vosotros. Porque nos hemos soñado mutuamente, nos hemos encontrado.
En este mundo de sueños e ilusiones, sepamos en realidad lo que somos: ¿una luz que pasa el horizonte? Somos hombres, somos filósofos, somos la semilla del hombre nuevo, somos esa fuerza ineludible que puede hacer aquello que soñaba Cervantes en su Quijote: convertir a los gigantes en molinos de viento y no los molinos de viento en gigantes. Recordad cuando el Quijote va a arremeter contra los molinos creyendo que son gigantes, y le dice Sancho: «¡Cuidado!, que son molinos…». El Quijote le contesta: «Eso son ogros, son nuestros enemigos», los arremete y cae en tierra. Entonces Sancho le dice: «¿No le dije, señor, que eran molinos?», y responde el Quijote: «¿Y no te dije yo, Sancho, que hay cosas que solamente las enseña la caballería: de que gigantes hay que, al arremeterlos, se convierten en molinos de viento?».
Eso lo debemos aprender, eso lo debemos sentir, eso lo debemos tener en nuestro corazón y en nuestra cabeza. En cada carta que escribamos, en cada momento en que estemos en contacto con otro ser humano y aun cuando estemos a solas. Recordad siempre que tenemos la dignidad de ser seres humanos, que detrás de nosotros hay miles y miles de años de historia y que por delante hay miles y miles de años de futuro.
Que somos un eslabón de una gran cadena y que tenemos la responsabilidad histórica de llevar las nuevas semillas hacia el mundo nuevo, y de abrir los surcos de la tierra nueva. Tengamos la fuerza suficiente para levantarnos cada mañana renovados; y, seamos lo que seamos, hagamos lo que hagamos, tratemos de hacerlo bien, tratemos de hacerlo de manera acropolitana, de manera filosófica.
Tratemos siempre de estar conectados con este mundo de sueños, con este mundo que después de la muerte nos espera para recibirnos maravillosamente, envueltos en la paz del deber cumplido.

jueves, 31 de mayo de 2012

Filosofía: una forma de vida



Estoy convencida de que todos los seres humanos, aunque no lo sepan y no tengan un título, son filósofos. Estoy convencida de que cualquier ser humano que se pregunta cosas y que cuando se encuentra a solas consigo mismo quiere saber quién es, ha dado nacimiento a un filósofo.
¿Qué es la filosofía? A mí no me gustan las definiciones, tal vez porque he tenido que estudiar muchas, porque me he dado cuenta de que en esos casos la memoria sirve de poco, y lo que ha servido es lo que se nos va quedando en el Alma. La filosofía, más allá de los muchos conceptos que se han explicado a lo largo de la historia, más allá del balance de finalidades que se le han dado, es el Gran Arte, la Gran Ciencia. Es una actitud ante la vida. Es una actitud que requiere una Ciencia; si uno se hace preguntas, necesita respondérselas. Y es una actitud que implica un arte porque esas palabras no se pueden responder de cualquier forma.
¿Qué es actitud ante la vida? Es… ir por ella con los ojos abiertos; es no tener miedo de indagar en los grandes misterios; es no tener miedo de mirar en el Universo y preguntarse por él, por uno mismo, por el Ser humano. Y es allí donde coinciden todos los pueblos, porque, en todos los momentos, cuando el hombre se preguntó cómo se une con el Universo, ha encontrado a Dios, y lo ha reflejado de mil maneras.
Esto no significa que filosofía sea religión, pero no la excluye; puede ser conocimiento, arte, religión; puede ser muchas cosas. Es algo lo bastante general para convertirse justamente en una gran utopía.
De todas las definiciones de filosofía hay una que particularmente me agrada muchísimo y que se atribuye a Pitágoras, cuando los sabios de su época se dirigían a él con gran veneración denominándolo justamente así, como un sabio. Se cuenta que en una oportunidad respondió: “No, yo no soy un sabio. Yo soy simplemente un amante de la sabiduría”. Y de esta expresión griega surgió el philosophos, el que ama a la sabiduría porque no la posee, porque siente que aún le faltan muchas cosas, y por eso la ama, la busca y la persigue.
Claro está que llamamos a nosotros mismos filósofos nos lleva a comparamos con Pitágoras y nos queda demasiado amplio; en todo caso seriamos filo-filósofos: muchos intentos de acercamiento, mucho amor y muchos escalones para llegar a ese amor como lo llamaba Pitágoras, que es amor a la sabiduría, inmenso motor que nos hace ir hacia lo que nos falta, hacia lo que necesitamos.
Platón decía que no amamos lo que tenemos, sino lo que nos falta. Justamente el amor nos lleva hacia aquello que nos hace falta, aquello que nos completa, aquello que nos perfecciona.
Percibir que hay sabiduría y que no la poseemos es magnífico porque eso nos mueve, porque ese amor es lo que nos hace salir, nos hace romper las barreras del egoísmo, esa barrera de “lo que yo quiero”, “lo que a mí me gusta”, “lo que a mí me preocupa”, porque cuando se empieza a mirar al Universo con otros ojos se abren muchas puertas, puertas interiores, pero también muchísimas exteriores, y hay una gran posibilidad de entender a las otras personas en la medida en que uno se va entendiendo.
Hoy, tal vez, a muchos siglos de distancia de Pitágoras, de aquellos filósofos considerados utópicos, la filosofía en líneas generales, es algo bastante diferente; lo he experimentado de manera personal estudiando en la facultad, como una insatisfacción permanente. Hoy filosofía es algo muy abstracto; son muchas palabras y muchos conceptos difíciles y cuando la gente se queda con esta idea de la filosofía, huye de ella. Hoy filosofía es casi Historia de la Filosofía, es un repaso a todo lo que han pensado todos los filósofos de todos los tiempos. Eso sí, acatando ciertas normas, porque en todo momento hay filósofos que son muy buenos, muy notables y hay otros que son prohibidos, malos, nefastos. Pasarán unos años y los nefastos serán los buenos, y los que se consideran buenos pasarán del otro lado: también la Historia de la Filosofía tiene modas. Hoy la filosofía no se considera algo práctico, algo útil para la vida. Esa idea de falta de aplicación, esa idea de que la filosofía es una utopía, de que no sirve para nada, ha hecho que la gente intente evitar la filosofía de la misma manera que el que no ha aprendido a vivir intenta evitar el estar a solas consigo mismo. Hay mucho vacío interior, mucha inseguridad y no debe extrañamos en absoluto que haya tanta corrupción, tanto desorden, tantas catástrofes naturales, porque cuando el ser humano no encuentra un eje dentro de sí mismo, no tiene cómo salir adelante.
Treinta y dos años en Acrópolis estudiando filosofía y unos años antes en la Facultad, son muchos años dedicados a ella, y aunque me digan que es impráctica y que no sirve para nada, yo me sigo diciendo: pero y las grandes preguntas las grandes inquietudes… ¿dónde se contestan? ¿Qué hacemos con aquello que nos asalta cuando uno se encuentra a solas consigo mismo: y por qué la vida, y por qué la muerte, y por qué el dolor, y por qué envejecemos, y por qué nos pasan las cosas que nos pasan? ¿Por qué hay sufrimiento, y por qué se puede pasar del sufrimiento a la alegría y de la alegría al sufrimiento, y qué es lo que nos conduce como un viento de una cosa a otra? ¿Por qué tenemos temores y por qué dudamos…? Y cuando surgen estas preguntas, o las respondemos o viviremos perpetuamente angustiados porque habremos echado una cortina delante de nuestros ojos intentando no ver lo más importante.
Cuando hay interrogantes no hay más remedio que preguntar. Cuando Sócrates decía: “Sólo sé que no sé nada”, no lo decía por conformarse con no saber nada. Es un reconocimiento de lo que no se sabe y un punto de partida: “Voy a saber más porque necesito más”. Aunque pasen los siglos, el ser humano se seguirá planteando estos interrogantes. Y basta que nos exijan una respuesta para que la filosofía se vuelva útil, práctica y necesaria. La filosofía es la Gran Educadora es la que nos enseña a vivir. Lo más difícil de todo, que es Vivir, casi nadie lo enseña.
No vamos a llegar a ser Sabios, pero por lo menos tendremos algunos temores menos, algunas dudas menos de las que teníamos antes; no vamos a mirar a la Gran Verdad, pero empezaremos a tener algunas certezas. El quién soy, qué hago aquí, para qué estoy, de dónde vengo y a dónde voy, es una forma de aprender a vivir; el arte de vivir es contestarse día a día a esas preguntas. Es entender por qué sufrimos, por qué hay dolor. Los filósofos orientales, tan viejos que a veces no sabemos ni qué fechas ponerles, decían que el dolor es vehículo de conciencia. Cuando uno es feliz y ríe, difícilmente se pregunta “¿por qué me pasa esto a mí?”
Parece ser que los humanos aprendemos cuando algo nos duele y el Arte de Vivir nos enseña que cada vez que sufrimos hay que detenerse y preguntar “¿por qué sufro, qué me está intentando enseñar la vida en este momento? ¿Qué hay detrás de este dolor? ¿Qué experiencia importante puedo extraer?”. Cuando un filósofo está aprendiendo a vivir, se le pone una prueba y si la supera, sabe que cuando llegue la siguiente podrá pasar por encima y querrá aprender algo más de la vida.
Este Arte de Vivir incluye también algo tan importante como valorar la vida y todos los seres vivos. No es posible escuchar que haya gente joven que diga-. ” Yo no he pedido venir a la vida”, como si fuera un reproche. Un reproche ¿a quién? No sé si hemos pedido venir a la vida: estamos aquí, y hay que aprender a valorarla, porque es un magnífico regalo. No se puede pasar por la vida dejando que nos arrastren; tal vez esto también constituya el Arte de Vivir. En lugar de ser un tronco de árbol a la deriva en un río, tener la capacidad de construir una barca con el tronco, unos remos, y poder dirigimos a nosotros mismos a través de la corriente.
Delia Steinberg Guzmán

sábado, 26 de mayo de 2012

Abrir la Mente


Abrir la mente: hacer nuestras las mejores ideas

Delia Steinberg Guzmán.
¿Podemos pensar absolutamente solos, sin ninguna influencia? Creo que no, que nadie tiene esa capacidad, sino que, en todo caso, podemos asumir ideas de otras personas que se ajustan tanto a las nuestras como para que lleguemos a sentirlas decididamente propias.
Lo que podemos hacer es interiorizar ideas, pensamientos, creencias que intuimos que son las que mejor nos cuadran.
En cuestión de convicciones, no interesa la originalidad, el tener una idea nueva nunca expresada hasta ahora, sino vivir con propiedad una idea que puede venir desde tiempos remotos y que, sin embargo, nos resulte útil y apropiada para elaborar todo un sistema de valores relacionados.
El primer paso, pues, consiste en abrir la mente bajo sus aspectos de imaginación creadora e intuición, no cerrarse.
Del ejercicio del pensamiento, del saber escuchar, del saber leer, del detenerse en las palabras y en lo que ellas significan, se abrirá paso poco a poco la confianza en las certezas que empiezan a despuntar.
El segundo paso es intentar vivir, aplicar esas ideas e intuiciones, hacerlas nuestras, probar, aunque cometamos errores y equivocaciones, porque también se aprende de los errores.
Si logramos vivir plenamente unos pocos sentimientos grandes, unas pocas ideas claras, experimentaremos la seguridad de sabernos dueños de nosotros mismos.
Claro está que no debemos confundir nuestras convicciones con la verdad absoluta.
Querer es poder. Y en este caso, si quieres, podrás empezar a vivir de manera convincente tus mejores sentimientos, ideas y valores morales.
La llave está en ti.
Extraído del libro “Qué hacemos con el corazón y la mente”

sábado, 19 de mayo de 2012

Aspectos filosóficos sobre el alma


Aspectos filosóficos sobre el alma

Manuel Ruiz
El alma es la gran motor de la Historia, ha puesto en marcha a las Civilizaciones y ha hecho posible todas las formas de contacto entre sociedades y culturas
Aspectos filosóficos sobre el alma
Hablar del alma es hablar del ser humano, tanto para los que piensan que existe como para los que le niegan un asiento metafísico. El tema del alma es el gran motor de la Historia, puesto que la percepción que se ha tenido de su existencia y los planteamientos de vida que ha originado (desde el espiritualismo más ferviente hasta el materialismo más encendido) son los que han puesto en marcha  las Civilizaciones, los que han hecho posible todas las formas de contacto entre sociedades y culturas. A lo largo de la historia del pensamiento, el alma se ha abordado de múltiples maneras, que podrían reunirse en dos principales: el alma como principio de vida y el alma como principio de racionalidad. Ambas posturas no son radicalmente excluyentes entre sí, pero llevan a consecuencias que pueden derivar en antagonismos.
El alma y la vida se han encontrado unidas desde la antigüedad. Se consideraba que un ser estaba vivo en virtud de su "ánima", de su alma. De hecho, cuando ésta abandonaba el cuerpo, era el momento de la muerte. Se deja de vivir porque el principio vital (el alma) deja de estar unido al organismo. Esta concepción del alma trae varias consecuencias: resulta un tanto incomprensible que el alma sea inmortal ¿qué sentido tiene un alma fuera del cuerpo, si es un principio vital? Además, siendo así, el alma no sería una cualidad exclusivamente humana, sino extensiva al resto de los seres vivos y deberíamos hablar del alma de los animales, las plantas. Por otro lado, el alma y la razón también se han imbricado firmemente en toda la historia de la filosofía. El alma sería el asiento del conjunto de funciones de la mente. El alma aporta el conocimiento, es el principio de racionalidad. Esta concepción del alma también trae consigo otras consecuencias: el tema de la inmortalidad no solamente es posible, sino que además es necesario para explicar el alma como principio de conocimiento inteligible. Todo ello en detrimento de vincularla al cuerpo. Así, puesto que el principio de racionalidad es exclusivamente humano, se le niega la posibilidad de tener alma al resto de los seres vivos.
La consideración del alma como principio vital, es la concepción aristotélica, y como principio racional, la concepción platónica, aunque ni Aristóteles ni Platón fueron tan excluyentes. Como suele suceder, son los seguidores de sus ideas los que radicalizan cada postura. Platón afirmaba que el cuerpo es una cárcel para el alma, pero a su vez admitía que ella albergaba, además de la parte racional, inmortal, otras dos partes, mortales, más en relación con el desarrollo de la vida en el cuerpo, la parte irascible y la concupiscible, siendo el estado ideal del hombre, aquel en el que se conseguía la armonización de las partes a través de las virtudes que les son propias. Aristóteles, por su parte, no sólo no negó que el alma sostuviera el principio de racionalidad, sino que llegó a argumentar que el estado de felicidad en el hombre se alcanza cuando predomina la función que en el alma humana es más propia, la razón, mantenida igualmente, a través de la virtud. Al igual que su maestro, consideraba que en el alma humana quedaban reflejadas otras funciones propias del hombre, y que éste posee en común con el resto de los seres vivos, pero sólo la razón le otorga la característica humana. A lo largo de la historia de Occidente se han ido sucediendo en el paradigma del pensamiento, momentos platónicos frente a momentos aristotélicos, dejando cada uno su impronta en la filosofía moral, el arte y la concepción del hombre, la sociedad y el mundo. Hasta llegar al racionalismo de Descartes, y el mundo de la física mecánica y el desarrollo matemático. A partir de aquí, sólo se admite lo que puede demostrarse matemáticamente. El principio de vitalidad y la concepción aristotélica en general, son reducidas a los principios biológicos. El materialismo, la negación del alma como ente metafísico, espiritual, más allá de lo tangible, ha nacido con fuerza. Desde este momento, el alma es sinónimo de vida biológica y psicológica. Punto.
El pensamiento filosófico (que no debemos confundir, en esto del alma, con la fe religiosa) ofrece dos posturas: que el alma existe como ente metafísico, donde radica la identidad humana, o que no existe como ente metafísico, estando la identidad humana en el conjunto de funciones biológicas y psicológicas. Si niego la existencia del alma y ciertamente el alma no existe, estoy actuando de forma natural. Pero si niego la existencia del alma y ésta si existe, la consecuencia es que estoy cercenando una parte de mi ser, y viviré una vida incompleta, no completamente natural.
Si admito la existencia del alma, y ésta efectivamente existe, actúo acorde con mi naturaleza. Y si admito la existencia del alma y es una falacia, no existe, las consecuencias también son naturales, puesto que no he negado la existencia de lo único que supuestamente existiría, que sería el cuerpo. De este razonamiento surgen dos consecuencias: primera, que la postura más coherente, con la que uno no aborda una existencia alejada de la propia esencia humana (sea cual sea en realidad), es la de vivir suponiendo la existencia del alma. Y segunda, que este argumento es válido si se aborda la cuestión del alma en términos de armonización de los principios vitales y racionales, como no sólo plantearon los maestros griegos, sino otros muchos grandes pensadores de otras civilizaciones y tradiciones.

sábado, 10 de marzo de 2012

El deseo en el Hombre

El deseo en el Hombre

Victoria Calle

Desde el punto de vista de la moderna psicología, el deseo es la motivación de la vida humana. Dirige y orienta los actos del hombre.
Antes de que esta ciencia se independizara del global conocimiento filosófico, también se consideró el deseo como uno de los motores más importantes del comportamiento humano: desde las doctrinas materialistas que propugnaban una satisfacción plena del deseo, hasta las espiritualistas, que lo trataban como una de las causas de la infelicidad, procurando trascenderlo para llegar, precisamente a la felicidad.

El Deseo en el Hombre

Entre estas últimas encontramos Filosofías de gran altura como el Estoicismo clásico, o religiones como el Budismo.

Pero hablar de deseo implica connotaciones muy amplias. Nuestro cuerpo tiene deseos, apetitos necesarios para la vida; nuestra psique tiene también deseos, deseos de afecto, por ejemplo, y nuestra mente desea conocer, pensar; incluso hay deseos desconocidos para nosotros mismos, como aquellos que surgen del inconsciente.
Según se explica en los manuales de Psicología, el hombre, como todos los organismos, se mueve hacia alguna parte porque necesita elementos que no tiene y que le hacen falta para existir. La carencia de estos elementos provoca en los organismos alteraciones internas, desequilibrios y tensiones que se traducen en movimientos encaminados a conseguir del ambiente exterior lo que le falta en el interior.

Una vez conseguido, la inquietud queda aplacada, se recupera el equilibrio interior y cesa la búsqueda hasta otro nuevo desequilibrio. El placer es la gratificación a ese esfuerzo.
El deseo provendría, según esta explicación, de una carencia de una necesidad de equilibrio y completura y el placer sería el estado de satisfacción ante el reestablecimiento del equilibrio o incompletura.
Todo este proceso se movería en un círculo cerrado, un ciclo que, en el momento en que se acaba, comienza de nuevo en un continuo rotar.

Se podría decir que el deseo tiene una causa que es al mismo tiempo un fin: conservar y generar la vida; perpetuarla. Pero este esquema que resulta tan claro en el plano biológico, es decir, para la vida vegetal y animal, no lo es tanto con relación al hombre. En ésta más que hablar de un círculo, tendríamos que hacerlo en una espiral cuyo eje fuera el tiempo. El apetito del deseo en el hombre no acaba con la satisfacción de la necesidad, sino que aumenta progresivamente, según parece. La imaginación humana espolea el instinto de poder y de vida hasta querer abarcarlo todo, poseerlo todo, estar en todo. La necesidad y el sentimiento de carencia es inmenso y continuo y, como resultado, el apetito se vuelve insaciable.

A diferencia del animal, el hombre puede inventar y multiplicar enormemente sus propias necesidades. Lo meramente biológico tiende al equilibrio homeostático del que depende básicamente la vida. Los deseos del hombre, en cambio, no son sólo a menudo superfluos para la vida, sino que incluso pueden llegar a ser antibiológicos, (deseos de muerte o más allá de lo biológico, como deseos culturales superiores y a veces opuestos a la necesidad biológica de vivir. Incluso se ha dicho que la vida verdaderamente humana consiste en desvivirse por algo, en trascenderse a sí misma poniéndose al servicio de valores superiores al de la vida misma.

Así pues, los conceptos biológicos de necesidades y lucha por la vida, tan caros a la psicología conductista contemporánea, han de aplicarse con suma cautela en el campo de las motivaciones humanas. El hombre comparte, sí, muchas necesidades con los animales pero puede renunciar a muchas de ellas. Entre las necesidades animales y los deseos humanos hay una notable diferencia: nuestras necesidades no son del todo "necesarias". Además existen en el hombre deseos que superan con mucho lo biológico; por la realización de un valor estético, intelectual y religioso, el ser humano es capaz a veces de sacrificarlo todo, incluso su propia vida.
En síntesis, hay dos características que podríamos destacar dentro del deseo humano: el crecimiento continuo de sus necesidades y la existencia de deseos que trascienden lo biológico.

LA BÚSQUEDA DE PLACER
Otro aspecto que podemos contemplar sobre el deseo se refiere al punto de vista del placer que implica satisfacerlo. Cuando en lugar de fijar la atención en la necesidad ponemos la mira fundamental en el placer, nuestros actos quedan disociados de la necesidad que los causara. Así se crean necesidades que son verdaderamente artificiales como comer cuando estamos saciados o incitar artificialmente el deseo sexual por la pornografía. Esto llega a crear una adicción enfermiza para la psique y el cuerpo, convirtiendo la función normal del deseo en vicio. En lugar de conservar la vida, el deseo viciado la destruye por exceso.

Para bien o para mal, muchos de nuestros deseos son bloqueados o interceptados por una serie de barreras de diversa índole que en definitiva nos impiden satisfacerlos. A esto lo llamamos frustración y crea un estado emocional opuesto al placer que identificamos como dolor, confusión, inquietud.
La resultante de la frustración no es la desaparición del deseo, sino su transformación. Generalmente toma la forma de agresividad. Esta agresividad no siempre está orientada hacia el obstáculo que impide la satisfacción, sino que suele derivarse por otras vías y dirigirse a otros objetivos a veces sin relación con el obstáculo. Obviamente no se ha podido vencer dicho obstáculo que a veces es muy poderoso o desconocido incluso, por lo que la agresividad se desvía. Dicha agresividad, como forma de deseo encubierto, suele producir situaciones muy conflictivas en las relaciones humanas, que aumentan los motivos de frustración.

No siempre la agresividad se dirige al exterior, sino que a veces invierte el sentido hacia el interior de la persona, que se siente culpable de sus fracasos y se "autocastiga", construyendo en sus interior tormentas psíquicas de dolor e impotencia que producen depresiones y estados de angustia. Este replegarse del deseo puede llevar a regresiones a etapas infantiles, abúlicas o incluso a un deseo de negación de la vida y regreso a etapas prenatales.
Cuando la frustración es continuada y sorda produce estados crónicos que se asimilan al carácter, ya sea agresivo o depresivo.
Simplificando mucho, podríamos decir que si el placer acompaña al deseo satisfecho, el dolor acompaña al deseo insatisfecho.

En el caso de la depresión, el miedo al deseo mismo y al dolor de haber perdido la esperanza de satisfacerlo inhibe la acción y la energía del impulso queda detenida. Puede llegar a desaparecer el deseo, pero no la necesidad. Tomando un ejemplo del cuerpo físico, sin comer se puede hacer desaparecer el apetito pero no la necesidad que el cuerpo tiene de alimentos. De ahí que la depresión sea esencialmente lo mismo que el deseo viciado pero a la inversa: destruye la vida por defecto. No satisface las necesidades por huida del dolor.
Para el hombre consciente y maduro, la necesidad natural es el motor de la acción, no el placer o el dolor que incita o inhibe. El conocimiento y la voluntad tenderán a cumplir su objetivo.

LAS DOS DIRECCIONES DEL DESEO
Al referirnos antes a las dos características básicas del deseo humano, hemos señalado dos formas de expansión:
El crecimiento continuo de sus necesidades y la existencia de deseos que trascienden lo biológico.
La necesidad artificial se debe a una creencia a un sentimiento subjetivo de necesidad. Creemos necesitar una televisión o un automóvil e inmediatamente se desata el deseo de poseerlo. Así podríamos crear indefinidamente necesidades con sólo creer que las tenemos. Nuestra sociedad de consumo comienza creando las necesidades para incitar al deseo. Nos convence de que en lugar de un objeto necesitamos muchos y luego de que el antiguo no sirve y necesitamos cambiarlo por otro nuevo, hasta que el mismo cambio se convierte en una necesidad.

Esta forma expansiva del deseo podríamos representarla por una espiral que se desarrolla en horizontal, a ras de suelo. Se desean más cosas cada vez; es la cantidad lo que se valora. El hombre se valora a sí mismo por la cantidad de elementos que posee. Esta espiral a ras de suelo abarca cada vez más suelo y el hombre no sale de su horizontalidad. Su instinto de poder se desarrolla de forma material.
Cuando comienzan a aparecer los deseos que trascienden lo biológico, el hombre cambia la direccionalidad horizontal para expandirse verticalmente. Esta espiral del deseo se transforma y de su horizontalidad se levanta hasta los valores inmateriales.
El deseo material, horizontal, en el que prevalece la cantidad (cantidad de objetos, cantidad de veces) no es selectivo, no implica sentido de perfección. Por tanto, no sirve como impulso de evolución.

El sentido de perfección es el que causa el deseo de lo perfecto, que percibimos como lo bello, lo bueno, lo justo, lo verdadero. Aun en la inconsciencia de lo puramente biológico, la vida tiende a engendrar perfección. El deseo básico incita hacia lo que consideramos más bello, más fuerte, más bueno. La vida no satisface sus necesidades de forma indiscriminada, sino selectiva.
En el hombre ese mismo sentido de perfección se hace consciente y también la visión de su carencia de la misma. Busca lo bueno y lo bello porque no sólo desea cosas, sino que las desea buenas y bellas y cuanto más mejor.

Pero además el hombre puede verse a sí mismo, pensar sobre sí mismo, mirarse en el espejo y reconocerse. Surge el deseo de poseerse a sí mismo y perfeccionarse. Se puede desear ser más eficaz, más bello, más sabio, más bueno.
Es en esta espiral ascendente, verticalizante, donde realmente se manifiesta la vida y donde el hombre se realiza como tal. Aquí pasamos del tener al ser; de la simple función biológica y de la inconsciencia animal al perfeccionamiento del mundo que nos rodea y de nosotros mismos. Del simple deseo de más vida al de mejor vida; de la acumulación de datos al conocimiento; de la acumulación de conocimientos a la sabiduría; de lo efímero a lo que permanece.

LA CONCIENCIA HUMANA
Según afirma la Sabiduría más antigua, la conciencia humana está situada en el gozne entre lo material y lo espiritual. El hombre no pertenecería ni a la tierra ni al cielo, sino a ambos. Su conciencia actúa de puente entre los dos mundos. Desde el punto de vista del deseo, esta situación le hace ser receptor de dos tendencias aparentemente opuestas: la de lo material y la de lo espiritual. Colocado en el centro, desea tanto los bienes perecederos y superiores como aquellos que le otorga la existencia cotidiana. Cuando se sitúa en su lugar correcto, en el hombre confluyen dos corrientes: por una parte capta las posibilidades superiores del mundo espiritual, la belleza, la justicia, la bondad, la verdad; por otra, su actividad en el mundo material le permite llevar las cosas y a sí mismo hacia la perfección de la que haya podido tener noticia. Por eso el sentido de perfección en el hombre le viene de la capacidad de su conciencia de elevarse hasta el mundo espiritual.

Cuando esto llega a realizarse plenamente, el hombre se convierte en una fuerza de la Naturaleza, en un canal por medio del cual Dios trabaja en el mundo, en un ser benéfico para todo cuanto vive y para sí mismo.
Cerrar las puertas a lo espiritual es impedir al hombre una vida realmente humana, oponerse a su propia autorrealización y sumirle en estados infelices que acaban por destruir su identidad.

VICTORIA CALLE

jueves, 23 de febrero de 2012

El arte más antiguo y primitivo de América


El petroglifo fue hallado en Lapa do Santo. | Foto: Neves WA, Araujo AGM, Bernardo DV, Kipnis R, Feathers

  • Hallan en una cueva de Brasil una figura de 30 centímetros de longitud
  • Según las pruebas de radiocarbono, se realizó hace entre 9.000 y 12.000 años
  • Creen que es la manifestación artística más antigua de América

La manifestación artística más antigua de la que se tiene constancia en América ha sido encontrada en Brasil. Se trata de un petroglifo que representa una figura antropomórfica, según aseguran los investigadores de este estudio, liderados por Walter Neves, de la Universidad de Sao Paulo.

Las pruebas de radiocarbono a las que ha sido sometida revelan queesta figura fue realizada hace entre 9.000 y 12.000 años, lo que la convierte en la más antigua hallado en las dos Américas. Los detalles de la investigación se publican en PLos ONE.

La figura grabada en la roca fue encontrada durante las excavaciones que se llevaron a cabo en la cueva de Lapa do Santo entre 2002 y 2009. La cueva de Lapa do Santo es un refugio de piedra caliza en el sector norte de Lagoa Santa Karst, a unos 60 kilómetros de Belo Horizonte (centro-este de Brasil). Este yacimiento arqueológico es uno de los más grandes de la región de Lagoa Santa.

En julio de 2009, durante los últimos días de excavación, los arqueólogos se toparon con esta figura grabada en la roca, que estaba a unos cuatro metros de la superficie.

Figura antropomórfica

Mide 30 centímetros de longitud y 20 centímetros de ancho. Según la describen sus autores, se trata de una figura antropomórfica con tres dedos en los brazos, una cabeza en forma de C y un gran falo.

El estilo artístico de esta figura es similar al de, al menos, otros dos refugios de la misma región, Lapa do Ballet y Lapa das Caieiras. Además, destacan los autores, se han hallado representaciones artísticas parecidas en otras zonas de Brasil.

Los petroglifos son grabados sobre rocas propios de los pueblos prehistóricos. En los grabados hallados por todo el mundo se han encontrado representaciones de todo tipo de temas, en general, de motivos simbólicos. Se cree que desempeñaban una función decorativa, ritual o indicativa.

Los primeros pobladores de América

Los investigadores que firman este descubrimiento en Brasil señalan que, hasta ahora, se sabía muy poco sobre el mundo simbólico de los primeros pobladores de América. Y es que las manifestaciones artísticas, ya sea en rocas, en ornamentos o en objetos artísticos realizados durante la transición del Pleistoceno al Holoceno (hace unos 11.500 años), son extremadamente raras en América.

La mayor parte de las investigaciones realizadas sobre las primeras poblaciones de este continente se han centrado en averiguar cuándo se produjeron los primeros asentamientos en estas tierras, de dónde procedían los primeros habitantes, cuántas migraciones o colonizaciones hubo, cómo lograron subsistir y la cultura que desarrollaron durante los primeros milenios de colonización.

Durante las últimas décadas, la información sobre la biología de los primeros americanos nativos ha aumentado enormemente. Por ejemplo, afirma el estudio, los primeros americanos tenían un aspecto muy distinto a los nativos americanos que viven en la actualidad. Por lo que respecta a su forma de vida, sabemos que variaba mucho según la región.

Los hallazgos arqueológicos han revelado, además, que el Nuevo Mundo estaba habitado antes de la cultura Clovis, que durante una época fue considerada la cultura indígena más antigua de América (los científicos creen que se desarrolló hace 12.000 o 13.000 años).

La figura antropomórfica hallada en Brasil demuestra, según los autores, que las manifestaciones culturales durante la transición entre el Pleistoceno y el Holoceno en el territorio que hoy es América del Sur no se limitaban a las herramientas de piedra y a la subsistencia, sino quetambién tenían una dimensión simbólica.


Extraído de Elmundo.es

sábado, 14 de enero de 2012

Anécdotas de los filósofos presocráticos


Fernando Fígares y Pierre De Bie

Aunque tengamos pocos testimonios de los filósofos presocráticos y bastantes indirectos, alguno de ello merecen la atención. Ello ayuda a comprender un poco más la personalidad de estos filósofos y en cierta medida sus escritos que también son bastante fragmentarios. Aunque los mitos y el tiempo los han rodeado de un halo medio divino, se trata de hombres como nosotros y por lo tanto también tienen su lado humano y familial.

Anécdotas de los filósofos presocráticos

Tales de Mileto


Datos biográficos y anécdotas

Los datos biográficos de Tales de Mileto son una mezcla de opiniones, hechos atribuidos a su persona, y citas con alto grado de verosimilitud, recogidas de diversos autores de épocas bastante posteriores, y reinterpretados y expuestos a la luz de la mentalidad del narrador. Contamos con la importante aportación de Aristóteles, el cual, en su descripción, intenta delimitar los escritos y dichos atribuibles con certeza al mismo Tales, de los hechos dudosos ('dicen...') y de sus propias opiniones ('quizá quiso decir...').

Tales nació en la ciudad de Mileto una antigua ciudad en la costa occidental de Asia Menor, cerca de la desembocadura del río Menderes.

La mayoría de los historiadores nos lo presentan como genuino milesio. Sin embargo, según Diógenes Laercio, importante historiador griego, fue admitido en la ciudad jonia de Mileto, a orillas del Mar Egeo después de ser expulsado de Fenicia junto con Nileo. Lo que es incuestionable es que residió en aquella ciudad y fue allí en donde desarrolló su filosofía. Fue hijo de Euxamias y de Cleobulina, y al parecer tuvo ascendencia fenicia. Como los jonios mantenían tráfico comercial con Egipto y Babilonia, es probable que Tales visitara el primero en su juventud, durante el reinado del faraón Amasis, en donde se supone que fue educado por los sacerdotes. Quizás fueron condiscípulos suyos Solón y Ferécides de Siros. Una fuente tardía lo vincula con Pitágoras, a quien habría recomendado viajar a Egipto y educarse con los sacerdotes de Menfis y Dióspolis. De los babilonios debió aprender astronomía. Anaximandro y Anaxímenes pueden haber sido discípulos suyos. Apolodoro, en su “Cronología”, afirma que murió a la edad de setenta y ocho años. Sin embargo, Sosícrates asegura que murió en la olimpiada LVIII, a la edad de noventa años.
Tanto Heródoto (I, 170) como Diógenes Laercio (I, 25) lo señalan como un sabio consejero político de jonios y lidios. Laercio afirma que algunos como el poeta Corilio declararon que fue el primero en sostener la inmortalidad del alma, que, según nos refiere Aristóteles, es para Tales una fuerza motriz. También refiere Heródoto (I, 75) que logró desviar el río Halys para que fuera cruzado por el ejército de Creso.

Aristóteles, por su parte, cuenta en su Política (I, 11, 1259a) que también se destacó en el área de las finanzas, una vez que, habiendo predicho (gracias a sus conocimientos astronómicos) cómo sería la cosecha de aceitunas, compró durante el invierno todas las prensas de aceite de Mileto y Quíos y las alquiló al llegar la época de la recolección, acumulando una gran fortuna y mostrando así que los filósofos pueden ser ricos si lo desean, pero que su ambición es bien distinta.

Quizás la anécdota más conocida de Tales es aquella que nos refiere Heródoto, cuando predijo a los jónicos el año en que sucedería un eclipse solar (quizá llevada a cabo gracias al sistema babilónico), hacia el año 585 a. C. Asimismo, Diógenes Laercio recuenta que, al caer Tales en un pozo después de ser llevado por una vieja mujer a ver las estrellas, ésta replicó a su pedido de ayuda: ¨¿Cómo pretendes, Tales, saber acerca de los cielos, cuando no ves lo que está debajo de tus pies?¨. Se le atribuye el haber realizado la medición de las pirámides, mediante las sombras que proyectan cuando éstas son de la misma medida que nosotros mismos. Fue el primero en haber hecho una explicación científica de un eclipse. También se dice que fue el primero en dividir al año en estaciones y en 365 días.

Citas de Tales

Algunas sentencias y versos que Diógenes Laercio le atribuye a Tales son las siguientes:

  • Muchas palabras no son signo de ánimo prudente.
  • Busca una sola sabiduría.
  • Elige una sola cosa buena.
  • Quebrantará así la lengua de los charlatanes (mentirosos)
  • Lo más hermoso es el mundo, porque es obra de Dios.
  • Lo más grande es el espacio, porque lo encierra todo.
  • Lo más veloz es el entendimiento, porque corre por todo.
  • Lo más fuerte es la necesidad, porque domina todo.
  • Lo más sabio es el tiempo, porque esclarece todo.

Anaximandro de Mileto

Filósofo jonio. Nace en los años 610 a. C. en la ciudad jonia de Mileto, Asia Menor, y muere aproximadamente en 546 a. C. Discípulo y continuador de Tales, se le atribuye un libro sobre la naturaleza, pero su pensamiento llega a la actualidad mediante comentarios doxográficos de otros autores. Se le atribuye un mapa terrestre, la medición de los solsticios y equinoccios por medio de un gnomon, trabajos para determinar la distancia y tamaño de las estrellas y la afirmación de que la Tierra es cilíndrica y ocupa el centro del Universo.

En Anaximandro se encuentra ya una cosmología que describe la formación del cosmos por un proceso de rotación que separa lo caliente de lo frío. El fuego ocupa la periferia del mundo y puede contemplarse por esos orificios que llamamos estrellas. La tierra, fría y húmeda, ocupa el centro. Los primeros animales surgieron del agua o del limo calentado por el sol; del agua pasaron a la tierra. Los hombres descienden de los peces, idea que es una anticipación de la teoría moderna de la evolución.

Inventos y anécdotas

D. Laercio, II, 1-2 nos dice que Anaximandro, hijo de Praxíades de Mileto, dijo que el principio y el elemento es lo indefinido, sin distinguir el aire, el agua o cualquier otra cosa... fue también el primero en inventar un gnomon y lo colocó sobre los relojes de Sol en Lacedemonia, según dice Favorino en su Historia varia, para marcar los solsticios y equinoccios, y construyó relojes. Fue el primero en trazar el perímetro de la Tierra y el mar y construyó también una esfera celeste.

Agatémero, Geographiae informatio, I, 1 dice que: Anaximandro de Mileto, discípulo de Tales, fue el primero que se atrevió a dibujar la tierra habitada en una tablilla. Después de él, Hecateo de Mileto, hombre que viajó mucho, lo perfeccionó, de modo que produjo admiración.

Estrabón, I, 7 se hace eco de lo dicho por Eratóstenes quién considera que después de Homero, los primeros griegos en estudiar la geografía fueron dos: Anaximandro y Hecateo de Mileto.

Cicerón, en De divinitate, I, 50, 112 dice que los lacedemonios fueron avisados por el físico Anaximandro de que abandonaran la ciudad y las casas y pasaran la noche preparados en el campo, porque estaba cerca un terremoto. En aquella ocasión la ciudad entera se derrumbó y la cumbre del monte Taigeto se resquebrajó como la popa de una nave.

Según Elian, Historias diversas (III, 7), los Milesios le pidieron que se hiciera cargo de una ciudad cerca de Apolonia, en la costa Tracia del Mar Negro lo que supone un honor importante y una costumbre de la época: el que los filósofos dedicaran parte de su actividad a los asuntos políticos. Es probable que Anaximandro aceptó ese pedido y que fue enviado al lugar a título de legislador para crear una constitución que respectara la supremacía de Mileto.

Pitágoras


Datos biográficos

Pitágoras nació en la isla de Samos en el año 582 a. C. Siendo muy joven viajó a Mesopotamia y Egipto (también, fue enviado por su tío, Zoilo, a Mitilene a estudiar con Ferécides de Siros y tal vez con su padre, Badio de Siros). Tras regresar a Samos, finalizó sus estudios, según Diógenes Laercio con Hermodamas de Samos y luego fundó su primera escuela durante la tiranía de Polícrates. Abandonó Samos para escapar de la tiranía de Polícrates y se estableció en la Magna Grecia, en Crotona alrededor del 525 a. C., en el sur de Italia, donde fundó su segunda escuela. Las doctrinas de este centro cultural eran regidas por reglas muy estrictas de conducta. Su escuela (aunque rigurosamente esotérica) estaba abierta a hombres y mujeres indistintamente, y la conducta discriminatoria estaba prohibida (excepto impartir conocimiento a los no iniciados). Sus estudiantes pertenecían a todas las razas, religiones, y estratos económicos y sociales. Tras ser expulsados por los pobladores de Crotona, los pitagóricos se exiliaron en Tarento donde se fundó su tercera escuela.

Poco se sabe de la niñez de Pitágoras. Todas las pistas de su aspecto físico no son seguras aunque se haya dicho que era de una gran belleza. Según Plutarco, los sacerdotes le habrían grabado en el muslo el disco de oro alado de Amón-Râ, de donde vendría el sobrenombre de este filósofo “chrysomer”: “el del muslo de oro”.

Es probable que tuviera dos hermanos aunque algunas fuentes dicen que tenía tres. Era ciertamente muy instruido, aprendió a tocar la lira, a escribir poesía y a recitar a Homero.

Funda su escuela en Crotona en el año 532 a.C. Se trata de una comunidad, a la vez filosófica, científica, política, religiosa e iniciática. Varias filiales aparecen sucesivamente en las ciudades de Tarento, Metaponte, Síbaris, Caulonia, Locres y en Sicilia las ciudades de Regium, Taromenium, Catana y Siracusa.

La primera iniciación la consigue en Lesbos a los 18 años. Allí recibe instrucción de Ferécides de Siros (hacia 585/-499), quien postulaba por la eternidad del alma, por el carácter doble del alma humana (una parte divina y otra humana) y por la trasmigración. Es probable que enseñara también a Pitágoras elementos de magia como la predicción y la interpretación de sueños.

Muchas otras leyendas nos hablan de las numerosas iniciaciones a los Misterios y enseñanzas que Pitágoras recibió en muchos países y con muchos maestros entre los que se destaca la secta de los discípulos del naturalista Mokhos y de los hierofantes fenicios, la ciencia de los jeroglíficos egipcios, la Magia de Caldea, los iniciados del monte Ida, los órficos de Tracia y las sacerdotisas de Delfos…

En Crotona conoce al mago Abaris el Escita, sacerdote hiperbóreo de Apolo, célebre por sus transes chamánicos. En -510, una revolución popular en Síbaris, conducida por el demócrata Telis, masacra los Pitagóricos de esta ciudad y 500 aristócratas tienen que huir a Crotona. La guerra estalla entre estas dos ciudades (Pitágoras la promueve según Diodoro de Sicilia). La aristocracia de Crotona, conducida por Milón de Cnosos, reúne una armada de 100.000 soldados y atacan y arrasan Síbaris a pesar de que esta ciudad había conseguido reunir unos 300.000.

Pitágoras se inquieta de la fuerte tendencia democrática que se está propagando y teme por un levantamiento general de la plebe. Según Aristóxeno de Tarento, Pitágoras y muchos de sus discípulos parten de Crotona para Metaponte y se instalan allí. Dicen que la casa de Pitágoras la llaman “el templo de Demeter” y la callejuela “el templo de las Musas”.

Es posible que en -499, Pitágoras vaya a Delos para enterrar su viejo Maestro Ferécides de Siros y algo más tarde, de vuelta en Metaponte, Pitágoras muere en el 497 a.C.

Elementos de doctrina

El esfuerzo para elevarse a la generalidad de un teorema matemático a partir de su cumplimiento en casos particulares ejemplifica el método pitagórico para la purificación y perfección del alma, que enseñaba a conocer el mundo como armonía; en virtud de ésta, el universo era un cosmos, es decir, un conjunto ordenado en el que los cuerpos celestes guardaban una disposición armónica que hacía que sus distancias estuvieran entre sí en proporciones similares a las correspondientes a los intervalos de la octava musical. En un sentido sensible, la armonía era musical; pero su naturaleza inteligible era de tipo numérico, y si todo era armonía, el número resultaba ser la clave de todas las cosas.

La voluntad unitaria de la doctrina pitagórica quedaba plasmada en la relación que establecía entre el orden cósmico y el moral; para los pitagóricos, el hombre era también un verdadero microcosmos en el que el alma aparecía como la armonía del cuerpo. En este sentido, entendían que la medicina tenía la función de restablecer la armonía del individuo cuando ésta se viera perturbada, y, siendo la música instrumento por excelencia para la purificación del alma, la consideraban, por lo mismo, como una medicina para el cuerpo. La santidad predicada por Pitágoras implicaba toda una serie de normas higiénicas basadas en tabúes como la prohibición de consumir animales, que parece haber estado directamente relacionada con la creencia en la trasmigración de las almas; se dice que el propio Pitágoras declaró ser hijo de Hermes, y que sus discípulos lo consideraban una encarnación de Apolo.

Pitágoras pasa por ser el introductor de pesos y medidas, y elaborador de la teoría musical; el primero en hablar de «teoría» y de «filósofos», en postular el vacío, en canalizar el fervor religioso en fervor intelectual, en usar la definición y en considerar que el universo es una obra sólo descifrable a través de las matemáticas. Fueron los pitagóricos los primeros en sostener la forma esférica de la tierra y postular que ésta, el sol y el resto de los planetas conocidos, no se encontraban en el centro del universo, sino que giraban en torno a una fuerza simbolizada por el número uno.

La hermandad pitagórica

A su escuela de pensamiento se la conocía como los pitagóricos y afirmaban que la estructura del universo era aritmética y geométrica. Políticamente apoyaron el partido dórico, obteniendo grandes cuotas de poder hasta el Siglo V, en el que fueron perseguidos y donde muchos de sus miembros murieron. La hermandad estaba dividida en dos partes: Los estudiantes y los oyentes. Los estudiantes aprendían las enseñanzas matemáticas, religiosas y filosóficas directamente de su fundador, mientras que los oyentes se limitaban a ver el modo de comportarse de los pitagóricos.

Fernando Fígares y Pierre De Bie